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El CDC, una síntesisDoctores D. Sebastián, B. Losantos (M) et al., 2006
A lo largo de los años ochenta, se asistió a un curioso fenómeno en el seno de la incipiente escuela hard rockera americana. Alentados por la constante posmodernista de arquitectura masiva imperante en su tiempo, algunos grupos comprendieron que el viento del momento soplaba a favor del constructivismo puro. Los ochenta fueron una década en la que grandes ciudades se irguieron de la nada y otras muchas, como en la joven California, crecieron de forma desmesurada e imparable. Atrás quedaron los ritmos psicodélicos y autocomplacientes de grupos como Después de la etapa de creatividad y desenfreno que supusieron los setenta para Norteamérica y el resto del mundo (civilizado), los ochenta arrancaron con un proceso de reestructuración económica, con el consiguiente impacto sobre el arte en general y la música en particular. Mientras en Gran Bretaña y otras partes del mundo triunfaba el neoclasicismo de la new wave y la luminosidad de la new age, Aquellos mismos tiempos fueron los del surgimiento de otro nuevo estilo, también californiano, pero mucho más crudo, y con aspiraciones muy diferentes: el speed metal, también llamado thrash metal. Mientras que el CDC significaba construcción, progresión y arquitectura, el thrash preveía la destrucción de todo aquello. Para el thrash, la fuente de inspiración principal fue la escalada de armamento nuclear, el auge de las centrales nucleares y el miedo cotidiano al inminente fin del mundo, básicamente todo lo que giraba en torno a la energía nuclear. Perteneciendo el CDC al ámbito general del hard rock, tomó parte también en el enfrentamiento encarnizado de finales de los ochenta entre hard y glam rock, por un lado, y thrash por otro, entre L. A. City y la Bay Area, entre urbanismo y destrucción. El CDC no fue, sin embargo, un género definido como tal, en realidad, se trataba más bien de una constante que hacía su aparición más o menos manifiesta en algunas canciones La instrumentación es en esencia la misma, pero con ligeros matices que lo cambian todo. Las canciones de CDC suelen entrar fuerte, como observando el escenario a vista de pájaro, en general con el riff principal y la batería a buen ritmo. A esto le sucede invariablemente un pasaje de guitarra acústica sosegado, pero de acentuada expectación. Los acordes se tocan en arpegio, y la incertidumbre se potencia mediante un ritmo paulatino de bajo y batería. Entra la voz, operística siempre, de dicción tan prolongada como los acordes que le hacen fondo. Todo va sucediéndose de forma lenta, escalonada, como armando un andamio sobre otro, construyendo rock and roll. Introducida ya la canción, vuelve a entrar la eléctrica, la batería se acelera con un retumbar intenso muy característico. La voz Estrofas y estribillo se alternan, alimentándose y combinándose a medida que crece la obra. Podemos sentir contra nuestro rostro el polvo seco de los desiertos, el esfuerzo de la construcción y el trabajo del metal en nuestras carnes. Entre un estribillo y la siguiente estrofa se desarrolla una especie de seudo-puente sin voces, centrado en lo instrumental, que emerge en la cumbre del rendimiento y la capacidad productiva. Llegados a este punto, se produce un regreso a la fórmula inicial, pausada, con guitarra acústica y bombo manteniendo el compás, recuperando la tensión previa mediante acordes sencillos pero contundentes, primera impresión de un resultado que ya se empieza a perfilar, a medida que cae el sol. Aparece un estribillo A principios de los noventa, el CDC sucumbió en gran medida a los cambios en las tendencias y veleidades del mercado musical, tal y como ocurrió con el hard rock en general. Sin embargo, al igual que éste último no terminó de morir, el CDC ha permanecido con vida, sobreviviendo inoculado en el hard rock y el heavy metal modernos más clasicistas, y constituye un testimonio aún palpable de una época histórica única e irrepetible y de la música que ésta inspiró, con el torrente de energía creativa que emana de ella.
Listado de canciones CDC o afines a la constante
Tyketto – Forever Young (1991) © El Estanque de Daeron 2000-2011 |